Un cuento de Matías Chavez
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“Después de esto hubo entre los salvajes el rumor acerca de mí que los Mocobíes tenían un Pater que enviaba a sus indios a cortarles las cabezas.”
Florián Paucke – Hacia Allá y Para Acá (Una estada entre los indios Mocobíes 1749-1767) Tomo II – Pag. 309

Sobre el filo de la tormenta despertó Paulus Conoquín, a lo lejos los relámpagos alumbraban el monte, la laguna, y la cañada. Se despertó de un salto, el corazón latía muy fuerte en su pecho y nada se movía en el aire, apenas la tormenta que se acercaba. Cuando la luz intermitente se atenuaba, en los vientres del monte, se movían brillosas las luciérnagas. El menudo y moreno cuerpo de Paulus quedó firme y contemplativo ante el paisaje, la respiración completa, profunda. Seguía soñando. Y soñaba ahora con una batalla que la luz eléctrica traía a marejadas. Gritos de los rebeldes atravesados por filosas chuzas doradas al atardecer. El gesto torcido de su cada vez más lejano primo Vatala, muriendo con gusto, bajo su lanza.
Paulus fijó la vista en la laguna, varios destellos cortos no le dejaron ver más que fantasmas, que su imaginación desdeñaba. De repente sintió su propio olor, un perfume a animal que le estimulaba el bajo vientre. Quedó parado y caminó; caminó rumbo a la laguna. No había nadie en pie ¿Por qué el Pater lo habría dejado? Solamente la resolana de un recuerdo, esa laguna, y la batalla. Y la batalla… no tenía nada de extraordinario, sintió: treinta mocovies ladrones y nosotros, los hijos de nuestro santo Xaverij para pasarlos a deguello.
Y estaba el Pater… Él nos dio la fuerza. ¿Por qué el Pater habría dejado solo a Paulus roncando su siesta? Paulus sintió una gota de agua rodarle por la frente y lo bautizó de luz un relámpago, el mismo que mostró la calavera cortada a cuchillo de Arixojalín, antes de llegar a la orilla. De niño conoció a ese indio grandote, él no era primo ni nada, tampoco tuvo miedo ni asco cuando le rebanó el cachete con el filo de su cuchillo.
Recordó al Pater… su mirada huidiza mientras refregaba el hábito percudido de sangre y polvo en la laguna. Esa sonrisa de él petrificada, inquietaba a Paulus. Cuando el Pater se ríe se retuerce la tierra de espanto. Y cuando está serio es mejor, nos aliviamos todos, sintió.
Paulus cocinó los cachetes de Arixojalín y algún otro que no fuera su pariente debajo de un algarrobo grande. Cithaalín se enfureció y se fue a comer asado de potro con otros diez allá, en la otra punta del páramo. Alcahuete, alcanzó a sentir Paulus, antes era un indio rebelde y ahora tiene el vientre suelto. Pero la verdad es que no le importó mucho, el perfume del aromo quemado le recordaba al abuelo masticando el corazón crudo de un Suri. En eso estaba cuando el Pater se le acercó por la espalda. Paulus de un salto ya había sujetado la cabeza de Paucke y apoyado la hoja del cuchillo ensangrentado sobre su pálido cuello.
-¡Ikaik lecat!! – Profirió el rosáceo austríaco, mientras Paulus lo soltaba espantado, como si hubiese abrazado una Yarará al reconocerlo.
Paulus se sintió tan apenado que empezó a llorar como un niño. El Pater se alejó unos pasos y profirió una de sus risas turbadoras. Paulus había caído al piso y se arrojaba tierra sobre la cabeza. Entonces el sacerdote caminó hacia él y le tomó un hombro.
-Chitamaan… yechitamaan…
Paulus se calmó súbitamente, y su rostro lleno de tierra y sangre dibujó una senda sonrisa. Paucke fue a sentarse junto al algarrobo.
El Pater insistía a Paulus para que se dejara puesta la chaqueta aún cuando salía de la capilla del Santo Xaverij ¿Por qué abandonaría a Paulus el Pater, luego de tan brava batalla? Conocía el porte orgulloso del jesuita cuando estaba conforme con la tarea. Muy compasivamente había encomendado aquellas almas paganas a nuestro señor. Luego había fregado su hábito. Después se había sentado junto al algarrobo y preguntado:
-¿ashicó skeó Arixojalín?
Paulus no supo cómo reaccionar, se quedó perplejo. En ese momento la imagen del Pater y del Abuelo se hicieron una en su pecho. Esperaba que el Pater confirmase su pregunta, Paucke arqueó sus ojos hacia el cielo en señal de impaciencia. Paulus se apresuró y cortó la mitad de la carne asada y se la dio en una vara. El Pater tomó la vara, se levantó y comenzó a caminar hacia los caballos -ashigo… la! Dijo despidiéndose.
Ahora Paulus tenía medio cuerpo metido en la laguna, sus dedos se hundían en el fondo barroso y llovía con mucho viento cálido. Un remolino acompasaba los árboles que rodeaban el ojo de agua; el próximo destello fue sonoro. Sonaba a una ira amiga, un estrépito familiar, una carcajada. La cara chuzeada de Vatala apareció implorante junto a su cuerpo muerto. Paulus no sintió miedo ni culpa, se sintió solo. ¡Si al menos su primo, de cara al rayo, pudiese escucharlo en su silente plegaria de compañía! Paulus comenzó a desgarrarse por dentro.
-Piguim… ¡Asogognagá! ¡Pater…! – Gritaba -¡Pater! ¡Paater! ¡Paaater!
El dolor en su pecho era gigante, y se agrandaba con cada bocanada de aire.
-¡Pater! ¡Paater! ¡Paaaterlec!
Y el viento súbitamente se silenció, dejando al agua caer sin fuerzas; y el abandono de Paulus llegó a sus entrañas y lo dejó sin aire. La lluvia fue deteniéndose y el calor húmedo arreció con aromas podridos. En el vientre de los árboles la noche franca mandó a sus emisarias, las luciérnagas, otra vez. Un surcido de talismanes brillantes formaron una red y se movieron todos a la vez, como unidad misteriosa.
En ese silencio regresaron los sonidos distantes, cada vez menos distantes. El repiquetear de los galopes bestiales. Serían los hijos de Xaverij… no. Serían los hermanos de Vatala y los jinetes desdentados de Chidiago. Sí. La noche protege a los demonios que buscan las almas abandonadas. ¿Por qué el Pater habría dejado solo a Paulus roncando su siesta? Con el alma herida chorreaban las lágrimas viscosas de Paulus.
Los caballos se detuvieron más allá del matorral. Alguien se acercaba. Nada se movía en el aire. Apenas la tormenta que no se decidía a desguasarse. Todo quedó a la expectativa. Una luz de lámpara fue iluminando hasta la orilla de la laguna y desde allí preguntó.
-Wo bist du Paulus?


CANDECHO: asi en mayúsculas, cuál mayúscula criatura de DIOS, peregrinó la tierra pero con espíritu de angel.
EXCELENTE!!!!!!!!!!!VIVENCIAL !!!!!!!!!!TIERNO RECUERDO QUE LO INMORTALIZA HUMILDEMENTE PERO TAMBIÉN INMENSAMENTE.
GRACIAS POR TU CUENTO, GRACIAS POR RECORDARLO, PORQUE YO LO TENÍA ARCHIVADO EN ALGÚN LUGAR DE MI CORAZÓN, PERO HOY HARÉ UNA ORACIÓN POR CANDECHO, SUBLIME CRIATURA DE DIOS. MI HERMANO QUE ESTÁ ALLÁ LEJOS, EN UN LECHO DORADO.
irma
Hola a todos,
Estoy realizando un trabajo sobre “memoria y olvido”. En este marco, me gustaría trabajar justamente sobre las formas de recuperación del pasado del pueblo mocoví. Me gusta mucho el cuento y me gustaría contactar, si se puede, al autor, a fin de ver con él si podría realizar un comentario a partir de su propuesta artística. Por otra parte, me comprometaría a transmitirle mi comentario a fin de de ver si ud está de acuerdo con lo que escribo y así permitir el dialogo, tan importante en nuestros días para luchar contra el olvido y la discriminación acerca de los pueblos originarios de este país.
Saludos muy cordiale,
albane