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Archive for the ‘Julio Migno’ Category

por Juan Manuel Santamaría*

Yo escribiría la historia de una ciudad. No de un país, ni de una provincia:
de una región a lo sumo.

J.J. Saer. “Algo se aproxima”.


A Julio Migno no le gustaba que lo llamaran “El Poeta de la Costa”, quizás porque sentía a esta definición como una categorización reduccionista, que dejaba a su poesía circunscripta sólo a quienes podían sentirse representados por ella en ese contexto geográfico. “Con ese criterio tendríamos que llamar a Hernández “el escritor de la pampa”, o a Cervantes “el escritor de la Mancha”, solía decir. El prefería que solamente se lo nombrara como poeta o como escritor, sin nada que vulnerara el sentido trascendente que él sabía que latía en el fondo en su obra.

Pero si entendemos que quién le canta a una región determinada de un país, y de un continente como el nuestro, suma su voz a la gran polifonía, necesaria para nombrar la tremenda diversidad que es ésta América, y donde al decir de García Márquez, “los artistas han tenido que inventar muy poco, y tal vez su problema ha sido el contrario: hacer creíble su realidad”  al referirse a la desmesura que encierra, entonces sí, podemos decir, que ésta definición de “Poeta de la Costa”, puesta en el gran contexto de la literatura americana, adquiere un sentido relevante, como pieza importante de un gran rompecabezas.

Porque América es eso, el continente del encuentro, del mestizaje, del crisol de razas, de la multiplicidad de cosmogonías, y cada parte de ella contiene a ese todo maravilloso, que en nuestro albardón costero, a cada paso se torna más y más evidente, a medida que recorremos sus rincones. Allí están los restos fundacionales de la conquista, las huellas del indio y de la evangelización, en reducciones que dieron origen al nacimiento de pueblos y ciudades, las de los primeros criollos y su posterior alumbramiento “el gaucho”, como así también las del aluvión inmigratorio.

Esa fue la encarnadura particular, el sedimento basal, desde donde Julio Migno iba a expresar su universalidad poética; San Javier su pueblo, heredero y parte de toda esa historia, enclavado en medio de esa inmensidad de pampa y río, que como él solía señalar, “paisaje que siempre está en movimiento”, habría de conformarse en una obra poética que representaría una expresión existencial, a la vez que un alegato social por los padecimientos del indio, de la lucha del criollo por la justicia y la libertad, y un canto a la paciente laboriosidad del “gringo” por sumarse a esa historia. Si alguna vez expresó, ante los 500 años del descubrimiento, que en esta Argentina “debíamos darnos el abrazo definitivo entre el indio, el criollo y el “gringo”, como expresión de unidad social de cara al futuro, en su obra hacía tiempo que esto se había dado.

Paul Valéry decía que toda literatura es colectiva, y esto creo que no solo es en el plano de lo social, sino también de lo literario, ya que nadie crea nada de la nada. Por eso me atrevo a decir que en estos autores se da una confluencia con sus pares antecesores, y que en el estilo de Migno está sumamente clara, digerida y mezclada con su propia arcilla, con su propia energía creativa, brindando una obra totalmente original.

La Argentina que Hernández contraponía al modelo europeizante, y de la cual Martín Fierro se torna expresión y defensa en términos épicos, y la que más tarde va a retomar Lugones en “El Payador”, está en lo más hondo de su inspiración, sin dudas. En sus cuatro libros, que forman lo medular de su producción literaria, “Amargas” (1943), “Chira Molina” (1952), “Yerbagüena, el mielero” (1947) y “Miquichises” (1972), Migno, como sucede con Hernández transmutándose en Fierro, hace hablar al personaje, le cede la palabra al costero, no es el propio autor el que habla; condición que sólo se puede lograr con total autenticidad a partir de un gran conocimiento y una plena identificación con quién se trate de hacer expresar.

En este sentido, para entender más su importancia dentro de este mosaico americano del que hablamos al principio, cabe señalar, que esto mismo podemos encontrar en tantísimos escritores de Latinoamérica, a quienes esa capacidad de consustanciación les ha permitido ahondar en lo más profundo de su pueblo; tomemos por caso, el de Juan Rulfo a la hora de escribir su Pedro Páramo, cuyos personajes son absolutamente provincianos; o el de Ricardo Güiraldes, aquí en nuestra tierra, con su Don Segundo Sombra.

Pero a su vez, en el caso de Migno, el lenguaje que él usa, es el lenguaje materno, el que escuchó en su “pequeña madre patria”, su aldea, el que hablaba la gente de a pie, y el que fundamentalmente, “su propia madre podía entender”, a la manera de Frédèric Mistral, como a él le gustaba parafrasear.

Sus poemas están construidos con una trama que exhibe una compleja sencillez, accesible al gran público, resultado de un batallar incesante por lograr la mayor síntesis, y la mayor riqueza expresiva. Una sucesión de “imágenes” permanente, como muchas veces me señalara. Buscando siempre el “nivel medio”, sin bastardear la hondura y el vuelo de su pensamiento, “para que lo entiendan todos”, el de abajo y el de arriba”, como él decía, lo cual plasmaba su plena conciencia de estar sumando su pluma al acervo popular, que es donde quedan depositados los versos de los grandes poetas, a veces con la suerte de hasta llegar a creérselos anónimos.

Este estilo, muchas veces lo llevó a sentirse identificado con innumerables vates admirados por él, pero en especial con su amado José Martí, con quién siempre se sintió hermanado, y a quién destacaba por la “simpleza” de su lenguaje, como “un poeta puro”. Querido por él, como lo fue también Rubén Darío, a quién, en medio de charlas informales, lo llamaba “Rubén”, a secas, lo cual siempre llamó mi atención, dando cuenta de la profunda compenetración con la obra y la persona del Nicaragüense; tea siempre encendida para Migno, y referente ineludible a la hora de pensar nuestra América.

Pero por sobre todas las cosas, su espíritu, fraguado en el Colegio de los Jesuitas de Santa Fe, exudaba una tremenda riqueza literaria; desde Hesíodo a Sócrates y Platón, desde Erasmo de Rotterdam a Ortega y Gasset, desde Omar Khayyam a Rabindranath Tagore o Federico García Lorca, pudiendo seguirse en una lista interminable de autores, de los cuales Migno hacía sus compañeros permanentes de viaje. Y como consecuencia, quienes estábamos a su alrededor solíamos beber el zumo de esa íntima y familiar relación, porque cabe decirlo, y porque no, en el plano de lo personal, todo junto a “Don Julio” era riqueza, a veces en la mayor austeridad de medios.

Esa riqueza, sin dudas, está en el origen de la alquimia que dio como resultado su último libro, “en castellano” como el decía, “Summa Poética” (1987), en cuyos versos, ahora sí, es el propio autor quien nos deja plasmada toda la lírica de su pensamiento.

“Todo poeta es músico”, solía decir, y su poesía daba cuenta de ello. Esa musicalidad fue recogida y acrecentada al ser musicalizada su obra por diferentes artistas. El caso de Rubén del Solar; de Orlando Vera Cruz, en este caso quién más ha trabajado sobre su poesía; de Iván Faisal, y el mío propio, ponen a los versos de Migno en otro escenario, en otro lugar que el de la biblioteca, dándole un vehículo más fluido para el público masivo, como ha pasado con muchos otros grandes poetas.

El lugar que uno elige para vivir es significativo en la vida de cualquier persona, y lo fue para Julio Migno cuando eligió hacerlo en Cayastá, lugar donde se dieron por primera vez cosas muy caras a nuestra argentinidad, fundamentalmente para la región del Río de la Plata, y donde el paisaje y la gente expresan en suma, una profunda síntesis del espíritu costero. Por eso, más que por ser un lugar equidistante entre su San Javier natal y la ciudad de Santa Fe donde desarrollaba sus actividades, lo fue seguramente porque en esas tierras hay también un sabor pleno de origen, savia de la que Migno se nutría para sustanciar su obra. Hoy sus hijas desde aquella casa, sede de la Fundación Julio Migno, junto al antiguamente llamado “Río de los Quiloazas”, hoy Río San Javier, promueven eventos culturales y tratan de difundir la obra de su padre.

Con su muerte, el 5 de diciembre de 1993, quedaron truncas las “Memorias de Chiflidito”, recuerdos de su infancia allá en su pueblo, y mucho material por recopilar de sus columnas radiales; pero nos quedan “sus hijos”, como solía decir Don Julio a la hora de referirse a sus libros, y agregaba – “ellos están vivos, yo no tengo que salir a defenderlos, se defienden solos”-. Realidad que con el paso del tiempo se confirma, porque anidan en el corazón de la gente, a la que él le cantó e hizo expresarse, y en el de los que día a día desde cualquier latitud, se van sumando a medida que van descubriéndolos e identificándose con su universo poético. La lágrima emocionada, el gesto de aprobación ante el acierto luminoso de una realidad hondamente plasmada en cualquiera de sus versos, son signos con que suelen expresarlo cuando nos toca decir alguno de ellos; evidencia clara que la pluma de Julio Migno era una vena abierta de donde fluía una poesía universal y enteramente americana, como la pampa y el río que la contienen.-

 

Chacra en verano

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*El autor, es compositor e intérprete de música popular. Ha trabajado junto a Julio Migno en programas radiales, actuaciones, y comparte la autoría de algunos temas. El más conocido de ellos “Santa Rosa de mis recuerdos”, fue grabado por Orlando Vera Cruz en 1997, en su CD Paraná Entero”.

 

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A raíz de celebrase hoy el 95 aniversario del nacimiento del Poeta de la Costa, Olga Migno nos envía este cálido homenaje que le rinde Luciana Bertucci Zanin. Es un honor y un gusto personal poder rendirle a su vez nuestro homenaje, publicándolo aquí.

Golondrina

El 6 de octubre de 1915 nacía en San Javier, provincia de Santa Fe,  un zorzal de las letras santafesinas y americanas. Su designio sería  lanzar su canto por la pampa gaucha, por la costa litoraleña, inundando de ecos a los pueblos costeros, llevando en la boca “la rebelión del canto”, canto que se desangra y grita las penurias del  corazón nativo…

En octubre, mes histórico para la América morena, llegaba Julio Migno, “el poeta de la costa”, que  se animó a decir en los más variados metros   los crudos pesares de su pueblo mocoví que habitaba y habita su tierra natal :

“San Francisco Javier, mocoví patroncito/¿Ya no nos conocés?/¿´tará tan viejo el indio/que ni el cielo lo ve?(…)Más de doscientos años/ mi pagre san Javier/´tuve dormido a lo indio;/ óidos sin comprender,/ los ojos hechos tierra,/ lengua también,/sin sangre, sin la idioma,/hasta que ayer / soplaron en mis huesos/ que soñaban volver (…) (San Francisco Javier).

Hoy más que nunca, en su cumpleaños, y con motivo también del próximo doce de octubre que erróneamente celebrábamos, sintiéndonos españoles sin serlo, debemos rescatar su legado. Hoy que corren otros vientos y que podemos conmemorar esta fecha como el día del “respeto por la diversidad cultural”. Hoy después de siglos de sangre derramada y de culturas rotas, maltratadas, mutiladas , podemos llegar a pensar diferente… ¿Qué pasa con los pueblos originarios del Chaco , con los mocovíes del litoral santafesino,  y con tantos otros pueblos americanos?… Levantemos las voces de quienes defendieron el ideal de igualdad y de justicia para con nuestros pueblos-raíces,  como dice el poeta cumpleañero, que tan bien conocía el alma del indio porque la palpó de cerca, la tuvo entre sus manos, la acarició con sus versos y la defendió en alaridos:

“Yo sé bien que él sabe lo que son dolores,/yo sé bien que él sabe lo que es su condena:/ tener en el pecho miel, y canto, y flores,/ y andar por la vida con lanza é rencores/ con la vista al suelo, cáida la melena(…)” (Cuando silba el indio)

 

Foto: Enzo Rodriguez

 

Respetar las distintas culturas es respetarnos entre nosotros, y abandonar la errónea filosofía que significó el origen de tanta masacre e injusticia: “civilización/barbarie”, “Buenos Aires y las provincias”, asimiladas a la peyorativa expresión “el interior”.  Todas  son provincias, Buenos Aires también,  y todos tenemos un interior y, a veces, muy rico.  ¿Qué es lo culto y qué lo popular si por cultura entendemos toda manifestación del alma humana?…

En este momento, son realmente claras las palabras del escritor Eduardo Galeano: “Dicen que tiene siete lenguas la boca del dragón. Yo no sé. Pero me consta que muchas más lenguas tiene la boca del mundo, y el fuego de sus lenguas nos abriga. Será siempre poco cuanto se haga para defenderlas del desprecio y del exterminio

Unámonos como hermanos, démonos un abrazo fraterno y volvamos a pensar el país desde lo auténtico, desde lo nuestro, desde los rasgos que nos diferencian de los demás países, desde nuestra lengua y sus bellos regionalismos. El  respeto por las distintas culturas  significa, ante todo,  pensar las lenguas que las definen, mejor dicho, las lenguas diversas que conviven “ricas” dentro del castellano-argentino, con sus variantes regionales, sus acentos y sonidos particulares, sus términos propios. La riqueza lingüística de la argentina, con el guaraní todavía sonando en las bocas de nuestras abuelas misioneras o correntinas, con el quechua, con el cantito cordobés que se prolonga ondulado en sus sierras.  Nuestra identidad idiomática se conforma de distintas variables, y es un verdadero pecado usar términos extranjeros si los tenemos en nuestro bello idioma. Rescatemos las voces de nuestros genuinos poetas, y todo lo nuestro para dejar de ser una pequeña colonia perdida en el sur de América, sin sangre, sin pasado, sin lengua, sin raíces, reseca, sin identidad…

Por eso  hoy le doy paso a Julio Migno, nuestro “poeta social”, “cazador de versos”  que se animó a denunciar las injusticias con el pueblo trabajador, con el gaucho, con el paisano, con el que menos tiene y el más desamparado, a él le cantó y también al hombre universal.

A la manera de Hernández con el Martín Fierro, Migno denunció las injusticias con el originario, de ahí el título de su obra “La rebelión del canto”. Para él y para los sectores sociales olvidados “vibró su armonioso cántaro de barro” hasta la última célula sonora porque el vate dejó la vida en ello, fue el ruiseñor y la rosa.

Un poeta cuyo canto, como él mismo  como él mismo lo definió en su percepción metafórica, corre “a la manera de un rayo de luz viajando por cristal de noche y sangre…” pasando de lo puramente folklórico y el color local a una poesía refinada y universalista.

¡Vibra hoy poeta!, porque tu re-vibrar es el revivir de los grupos olvidados ,  de todo un pueblo y de la humanidad toda.

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Vibra armonioso cántaro de barro

Tu melodioso colmenar rimado,

Tu destino es vibrar a la caricia

O al golpe del guijarro…

Vibra armonioso cántaro

Tu pregón cadencioso en las borrascas

En métrico tallazo,

tu tienes una llama, haz una antorcha

Para alumbrar tus pasos;

Tienes la oculta clave,

¡Pues encauza en las órbitas celestes

Los forzados atlantes del espacio!

Tienes simiente,

¡Siembra para cosecha de astros!;

derrama tus licores musicales

con un órfico rito silenciario

ajustados a citaras y flautas (…)

Tu melodioso colmenar rimado

Vibra, armonioso cántaro

Cuando esté exhausto tu panal sonoro

Habrá un brutal derrumbamiento de astros.

(Vibra, armonioso cántaro)

Julio Migno

 

Hoy, él ya no está pero permanece vigente en sus versos y en la Fundación que lleva su nombre,  cuyo objeto es mantener sus ideales vivos y luchar ante las injusticias humanas que su poesía vehiculizó. Argentinos, hispanoamericanos, mundo todo, invito a su lectura.

Luciana Bertucci Zanin
Cruz Alta, Córdoba


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Otra forma de mirar a San Francisco Javier

El siglo XVIII se caracteriza por el agravamiento de la guerra contra el indio en la frontera de Santa Fe… …en las primeras décadas del 1700 la situación adquiere una gravedad inusitada… …la convulsión se extendió a toda la pampa argentina, los ataques se verificaron en Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán y Salta.

Francisco Barrera al referirse a la capacidad militar de los Mocovíes y Abipones había expresado “si todos los guerreros Abipones hubiesen fallecido a excepción de sólo diez, con esto hubiese bastado para tener a todo el país sobre armas…”

“…La Reducción de San Javier fue fundada en1743 por el Padre Francisco Burgués. Diversas circunstancias impulsaron su instalación, dos resultan fundamentales:

1) el decurso de la guerra contra el aborigen;

2) el abandono de Santa Fe por parte de la administración central de Buenos Aires…”

“…Al referirse a este acontecimiento Burgués escribe “á 27 de junio pudimos salir para la nueva fundación. Salimos con el señor General (Francisco Antonio de Vera Mujica), que iba con sus soldados y peones, el Padre Núñez y yo. Llegamos al pueblo viejo de Santa Fe, que dista del nuevo como diez y ocho leguas, y allí cerca de una loma limpia se hizo la población” (Furlong, 1938, pág. 25)…”

“…El acta del Cabildo expresa que se colocó “…en la capila por patrono, a San Francisco Javier, y poniéndole por nombre al expresado San Javier…”

“…A los tres meses de instalada la reducción se incorporó voluntariamente el cacique Cithaalín (hermano del asesinado Ariacainquín, y furtivo vengador, por años, de éste), lo que demuestra el éxito obtenido por los misioneros, que fue mucho más contundente que el que habían logrado los militares por la fuerza de las armas. En pocos meses los sacerdotes consiguieron lo que no pudo la violencia en doscientos años de historia…”

(Historia de la fundación de Reconquista. Capítulo II. Prof. Edith Gabriela Gallagher.)

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Declaraciones del cacique Ariacaiquín:

“…los españoles son hombres falsos, tienen de cierto buenas palabras, pero sus sentimientos nos perjudican… han engañado en demasía a nuestros antepasados, su amabilidad era una traición y una amistad simulada, pues sólo trataron de hacernos esclavos y matarnos a azotes y, como si nosotros no fuéramos seres humanos como ellos y no tuviéramos entendimiento, nos emplearon como bestias de carga. (Si) nosostros quedábamos postrados bajo la carga, colocaban la carga sobre algún otro y nos dejaban tirados en el campo y perecer de sed como animales. Desde esos tiempos nosotros no hemos podido aguantarlos y los hemos perseguido como nuestros peores enemigos hereditarios…”

(Florián Paucke, 1943, pág. 9)

El San Francisco, El San Javier

Basílica de San Francisco Javier - Navarra

Francisco nace en el año 1506 en el castillo de Javier, que era uno de los puntos defensivos principales del reino de Navarra, hoy norte de España. Tras la invasión del reino de Castilla (España Meridional) en 1512  a Navarra, el castillo es demolido, la familia exiliada, y dos de sus hermanos condenados a muerte (posteriormente indultados). Unos años después Francisco va a estudiar a París filosofía y al licenciarse ejerce como maestro. Es en esa época, 1529, que conoce a Iñígo de Loyola (San Ignacio de Loyola), un estudiante que incluso había batallado contra la propia familia de Francisco, al pertenecer al reino vecino; motivo por el cual estaba entre otras cosas rengo. Con el tiempo se hacen íntimos amigos, e Ignacio inicia a Francisco en el camino de entrega de su vida al desarrollo del espíritu; una nueva vida dedicada a predicar la humildad, evangelizar  y atender a los más necesitados. En 1934 fundan “La Compañía de Jesús”. Y de allí en adelante Francisco de Javier se dedicó a realizar largas misiones como evangelizador.

Según cuentan ciertas versiones, su vida de noble, y posterior Filósofo graduado, contrastaban con su nueva vida de misionero. París es una ciudad que históricamente ha fortalecido el ego de sus estudiantes, en particular el de un noble sin dificultades para desarrollar su ambición. Sin embargo el suyo no sería un camino común.

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Luego de la fundación de “La Companía” Francisco, habiendo tomado los votos en Mortmartre, parte a pie con sus compañeros, atravesando los Alpes, hasta Venecia; donde pensaba encontrarse con Ignacio y viajar a Jeruslaem. No es posible realizar el viaje porque Turquía declara la guerra a la ciudad. En junio de 1537, Francisco es ordenado sacerdote por el obispo de Vicenza. Y se dirigen con Ignacio a Roma para lograr que el Papa aprobara la “Compañía de Jesús”.

La austeridad de vida y la formación intelectual de los primeros jesuitas les hizo famosos y admirados en toda Roma. Por eso, el rey de Portugal Juan III y su embajador pidieron al Papa Paulo III que enviara a algunos de ellos a las misiones portuguesas de la India.

El 7 de abril de 1541 Francisco partió a la India, ese mismo día Javier cumplía 35 años.

…Francisco estuvo dos meses mareado. En el golfo de Guinea les sobrevino una larguísima calma chicha que los tuvo anclados varias semanas. Con el intenso calor del verano, los víveres se corrompían y agusanaban, el agua se pudría y los enfermos yacían en la bodega. Pronto se propagó entre la tripulación el escorbuto y luego la peste…

(El Mundo de Javier – Una Visión del Siglo XVI a través de la vida de San Francisco Javier)

En 1543 Francisco recorre distintas localidades y poblados de toda la península de la India, cuidando enfermos y predicando. En 1545 arriba a Madrás, donde se encuentra el sepulcro de Santo Tomás apóstol. La comunidad cristiana de Madrás le donó una reliquia que habría pertenecido al apóstol, y que luego siempre llevaría consigo. Después se embarca a Malaca, ciudad real de Malasia que en ese tiempo era un importante puerto portugués. Durante año y medio recorre varios puntos del archipiélago de las Molucas.

Cuentan que la respuesta evangelizadora fue buena en algunos poblados, incluso existieron algunos conversos. Su principal problema era la frontera del idioma ya que existen cientos de dialectos en cada pequeña región asiática.

En 1548 Francisco regresa a la India, visita Ceilán, permanece varios meses en Goa y planifica su viaje a Japón. El 15 de agosto de 1549  desembarca en Kagoshima e inicia su recorrido por varias regiones de Japón.

“…Son los japoneses más sujetos a la razón de lo que nunca jamás vi en gente infiel; tan deseosos de saber que nunca acaban de preguntar y de hablar a los otros las cosas que respondíamos a sus preguntas…”

Comenzó a predicar en la calle, pero luego prefirió el trato personal, en los domicilios, mediante conversaciones y disputas, en las cuales va apreciando la profundidad del alma japonesa.

(El Mundo de Javier – Una Visión del Siglo XVI a través de la vida de San Francisco Javier)

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En 1550 recorre Hirado y Yamaguchi. En 1551 llega a la capital japonesa, Miyako (Kyoto), para solicitar al emperador permiso para predicar. Ante la negativa de ser recibido, regresa a Yamaguchi, donde puede predicar el cristianismo.

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1552

Tras regresar a la India, planifica su viaje a China, país que castiga con la pena de muerte la entrada de extranjeros, pero que Javier considera la clave de la evangelización de Oriente. En abril, tras ser nombrado Provincial del Oriente de la Compañía de Jesús, parte para Malaca, donde tiene un duro enfrentamiento con Álvaro de Ataide, capitán mayor, quién le impide que viaje a China como enviado del rey de Portugal. Privado de las garantías que Javier pensaba que le facilitarían su entrada en China, no abandona el proyecto y parte el 17 de julio. A finales de agosto llega a la isla de Sancián, donde espera tener oportunidad de atravesar las puertas cerradas de China y llegar a Cantón.

En esta espera le sorprende la muerte…

(diariodenavarra.es)

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Playa de la Isla de Sancián en la que San Javier murió

La Reducción de Mocobíes de San Javier

Introducción

Si repasamos la historia de San Francisco Javier nos sorprende el contraste de su vida y las ideas aparentemente diferentes que hemos creado de este santo tan familiar y sin embargo tan desconocido para nuestra cultura.

También es interesante ver que a medida que el cristianismo ha ido “evangelizando” cada rincón del planeta cada cultura fue haciendo propia una imagen de esa fe cristiana. Y también el sentido de su culto.

Una característica del ser humano es que la conexión con el fenómeno espiritual es siempre íntima y diferente.

No podemos generalizar la fe, la devoción, ni la creencia. Y aunque el proselitismo espiritual, al igual que el político, crea mucho daño hacia la fe; ésta sigue su camino y acaba hermanando comunidades y pueblos muy diferentes. Como es el caso de San Francisco Javier.

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Apropiación, Comunión y Sincretismo

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‘Tas igualito que antes

pegáito a la paré,

quemadito parejo,

sin cansarte, de a pie.

¡No de balde sos indio

mocobí, San Javier!

Al fundar la reducción de San Javier varios conflictos políticos y económicos se buscaban resolver desde el punto de vista de la conquista y los conquistadores. Pero, al mismo tiempo, varios conflictos internos a los conquistados buscaban respuestas. Las diferentes vertientes étnicas Guaycurúes estaban ya en crisis desde que su mapa, su percepción del universo, y por lo tanto de la cosmogonía original había sido alterada. Esa es la auténtica herencia de las guerras “centauras” del siglo XVIII. La más arriba citada declaración del cacique Ariacaiquín lo deja claro:

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“…no hemos podido aguantarlos y los hemos perseguido como nuestros peores enemigos hereditarios…”


Y esa incomodidad no era solo una incomodidad superficial, sino que llegaba a lo más profundo, lo más interno de las comunidades. Los Mocobíes y Abipones  fueron víctima de traiciones, pactos a medias, hostigamiento; incluso llegaron a ser tropa mercenaria al mando de los distintos caudillos regionales del virreinato. Hacía más de un siglo que no tenían paz. La seguridad de la armonía interna de su comunidad se había roto hacía tiempo.

Ahora la actitud del “blanco” había cambiado. Al menos eso parecía.

El año anterior había accedido al poder el Teniente de Gobernador Francisco Javier de Echague y Andía (¡qué casualidad este nombre! – nota del autor), quien logró obtener la paz con Mocovíes y Abipones. Para ello impulsó una estrategia radicalmente distinta a la de sus antecesores, porque aunque diariamente recorría con su tropa los lugares donde se establecían los asentamientos indígenas, su política no era matarlos sino tomarlos prisioneros y llevarlos a la ciudad donde les proporcionaba los alimentos necesarios y los colmaba de regalos. En respuesta los ataques aborígenes disminuyeron…

…Buscando resolver definitivamente la contienda, Echague y Andía pidió la colaboración del Rector del Colegio Jesuita de Santa Fe, con el que convino enviar a los Padres Francisco Burgués y José García, acompañados de un intérprete, a parlamentar con los naturales.

(Historia de la fundación de Reconquista. Capítulo II. Prof. Edith Gabriela Gallagher)

La llegada de San Francisco Javier fue el punto de partida para recrear aquella armonía en los indígenas reducidos. Los antiguos espíritus, en su carácter de unidad natural, tomaron un nuevo cuerpo en la imagen de San Javier. Todas las representaciones, todos los mitos ganaron unidad en él. Toda la tradición oral Mocobí con su contenido mágico se hizo presente en aquella lágrima que reza Julio Migno.

¡Aura sí ‘toy contento!

‘Tas viviendo otra vez,

mocobí patroncito,

Tataicito de ley:

¡Se te ha cáido una lágrima,

San Francisco Javier!


Así fue que Él habitó también en el cuerpo de un indio. De madera oscura, “quemadito parejo”.

Y el “Pagre” lo sabía también: ¡No de balde sos indio mocobí, San Javier!

Esta es la profunda importancia que tuvo Florián Pauke para nuestra región. Y Jesuítas como Franciscanos decían conocer la raíz única de la fe, por ello respetaron (aunque sea solo la parte que les convenía, y aveces con mucha dificultad) algo del origen espiritual común de cristianos y originarios.

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Así San Francisco Javier se volvió Mocoví

Es imposible aventurar una conclusión de cómo ocurrió este proceso. Al menos no es posible ahora, si no encaramos una más profunda y completa investigación. Pero, mientras, podemos hacer analogías con lo sucedido en el resto del mundo.

Una de las experiencias mas maravillosas sucedió en México con la virgen de Guadalupe. En ella todos los rasgos de aquellos complejos, espirituales  y científicos pueblos prehispánicos encontraron unidad:

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Y otro ejemplo referido a nuestro patrono es esta imagen dedicada a San Francisco Javier en el sur de India, con ella su carácter de santo indú es incuestionable, y demuestra que en muchas regiones del mundo esas representaciones se fusionaron con la identidad espiritual local:

San Francisco Javier - India

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Y al final…

Creo que es posible arriesgar algunas conjeturas generales: Los Jesuítas contaban con métodos de evangelización que incluían impulsar los procesos de sincretismo, asociación y unificación del culto indígena y cristiano. Esto permitió cruzar lazos de amistad y confianza mucho más profundos con los misioneros.

Este era un método peligroso. Que comprometía la pulcritud de la Orden frente al Vaticano y a la todavía reciente “Santa Inquisición”. Las prácticas religiosas católicas ya estaban completamente vinculadas al poder.

Estas relaciones íntimas con el “paganismo” fueron, sin duda, una de las causas determinantes de la expulsión de la “Compañía de Jesus” de América.

También es de considerar que aquellos sacerdotes misioneros quedarían para siempre marcados con el sentir y la entrega del pueblo indio.

…Cuando nuestras carretas comenzaron a partir de nuestro pueblo comenzó entonces en la aldea el llanto y lloro, que también a los diputados les corrieron las lágrimas desde los ojos. Todos cabalgábamos, desde todos lados los indios gritaban a los misioneros: ¡Amé loguiji e Padril enomal ncopata gdapilij! ¡Andad y viajad padres, pero volved en corto tiempo! El pueblo entero estuvo parado en la plaza, chicos y grandes en la mayor pesadumbre. Aletín … quiso acompañarme también, pero tras largo ruego retornó; sus últimas palabras fueron: Naatic Padri zolemte tapeco gdiogdenatagan gaigui tomalet jovidos mjalamac m Dieleb. Yo agradezco Pater la compasión y misericordia que tú has demostrado y he de recordarla hasta que llegará mi muerte.

Allí está nuestro San Francisco Javier para demostrarlo:

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San Francisco Javier

San Francisco Javier

San Francisco Javier

mocobí patroncito,

¿Ya no nos conocés?

¿’tará tan viejo el indio

que ni el cielo lo ve?

¡Ni en la peor de mis noches

yo nunca te olvidé!

.

De entre tunales bravos,

cansao me desperté.

Más de doscientos años

mi pagre San Javier

‘tuve dormido a lo indio;

oídos sin comprender,

los ojos hechos tierra,

lengua también,

sin sangre, sin la idioma,

hasta que ayer

soplaron en mis huesos

que soñaban volver,

y aquí estoy, Tata Viejo,

de cacique otra vez.

‘Tas igualito que antes

pegáito a la paré,

quemadito parejo,

sin cansarte, de a pie.

¡No de balde sos indio

mocobí, San Javier!

Le pegué pa’ la costa,

‘ta el río igual que ayer;

más indiecitos rubios,

blanco voló y se fue,

china quedó con l’hijo,

choclito ‘e padecer.

.

Ya no te baila el indio

desde el amanecer;

murió el tambor, la flauta

se fue;

Golondrina ‘tá muerto,

su violín ‘ta con él.

Se fundió el tonto-yogo,

todo perder:

procesión, canto, todo,

porque juyó la fe.

.

¿Dónde pedirá el indio

su poquito ‘e comer?

¿Pa’ qué rezará lluvia

si han sembrao malquerer?

¿Pa’ qué quiere la vida

sin pagre, sin mujer,

sin hijo que sea suyo?

¡Ya ni lo peor pa’ él!

La indiada es una sombra

que se va sin volver.

¡Acordate é nojotros,

San Francisco Javier!

.

De don Florián la flauta

suena en l’agua al crecer;

sólo los mocobises

la pueden comprender.

.

Cuando echaron al pagre,

no sé por qué,

todo el toldo a caballo

lo siguió a Santa Fe.

Mi lanza iba en la punta

¡de balde galopié!

Florián Pauke era un santo

como vos, San Javier.

.

¡Qué triste quedó el indio

desde que faltó él!

Vivió, pero muriendo,

San Francisco Javier.

Aura me llaman, pagre,

pa’ que te venga a ver.

Decile al hombre blanco

que me los trate bien.

Un poquito de tierra

p’arar y pa’ comer,

y un poquito ‘e cariño,

si es que le queda yel,

porque el indio, mi Tata,

es cristiano también.

.

Hacé un milagro chico,

total pa’vos… ¿qué es?

Abrile al blanco el pecho

pa’ que pueda entender;

dale un corazón de indio

pa’ que sepa querer;

sosegale las manos,

refrescale la sien,

pa’ que calcule menos

y así nos pueda ver.

¡Tráilo a don Florián Pauke,

San Francisco Javier!

.

Pagre …Pagre Francisco,

Tatita, escúcheme:

el tonto-yogo lindo

que le gustaba a usté,

en mocobí paisano

Tata, le cantaré:

Tarará … grillito cri-cri,

tambora y violín,

tambora y violín …

tarará corriendo schipiac,

comiendo amanic,

comiendo aman …

¡Aura sí ‘toy contento!

‘Tas viviendo otra vez,

mocobí patroncito,

Tataicito de ley:

¡Se te ha cáido una lágrima,

San Francisco Javier!

.

(Julio Migno, MIQUICHISES)

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Las Bendiciones de Cañita

Las Bendiciones de Cañita

Ante la pesca y la tala indiscriminada de corazones, intuiciones, árboles y personajes locales, queda decir, que nada está perdido si conocemos aquello que perdura en lo más profundo de nuestras almas.

Valga la rebuznancia, amigos de Golondrina, comenzamos un nuevo ciclo de publicaciones con la bendición de nuestro padrino “Cañita”. Espero que sean muy pacientes porque es una tarea aveces brutal para nosotros, que la desarrollamos solo por entusiasmo.

Un saludo a aquellos incondicionales de pecho abierto, y que no descansan en materia de esperanzas.

¡Hasta Pronto!

Vivo en el ala ‘el chajá
y en la garganta ‘el teru;
soy sambullida ‘e biguá
correntada ‘e Paraná
y un camalote viajero.
Soy la que soy, compañero

Julio Migno (fragmento de La Libertad)

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“Tu Foto”

Divertidísimo modismo para referirse al tercero en cuestión. “¡Ahí te anda buscando tu foto!” O sea; el que tiene alguna relación con vos. Tantas veces aplicada al indeseado, porque supone que uno ya anduvo hablando de aquel.  La región ha hecho fermentar varias acepciones del dialecto local. Me vienen varias a la memoria, como aquella de hablar negando, es decir, a la inversa: “… biéeen liiinda tu noviaaa…” O esa que, supongo que ya se está perdiendo, porque refería al antiguo vidriero del pueblo: “¡salí de adelante…! qué ¿Sos hijo de Curleto?

En el modo de hablar de cualquier pueblo hay voces que nos permiten dsc07139reconocernos. Cuando hacemos tierra en un lugar  enseguida se manifiestan. Aparecen. Porque viven en el aire  de la cultura oral. Están flotando en la atmósfera del sitio. Cuando conectamos con la raíz. Cuando oímos su viento.

La forma más pura de la voz de un pueblo es su poesía. Porque el ritmo y la sonoridad de las palabras se combinan en una emoción.

Su origen es la plegaria. La oración. Espontánea.

Originalmente la poesía existía únicamente en el conjuro. Y todo conjuro era poético.

Existía perfecta unidad entre naturaleza y espíritu, por decirlo de algún modo.

..

Cúmplase así mi destino
después de cruzar errante
loco caballero andante
los más inciertos caminos,
sintiendo todos los trinos
con mi tumba en la barranca,
cajón de madera blanca
de timbó sanjavierino
y en tardes ensangrentadas
Sanjavielito y Verón
rezándome una oración
en sus blandas marejadas.
.
Julio Migno

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Es la sangre de nuestra identidad oral. Esta es una palabra loca, identidad. Suena a DNI. Y eso suena a ser detenido. A veces la carga generacional de algunas palabras hacen que no nos dé ganas de hablar de eso. Con que nos reconozcamos alcanza. O sea, saber que esa poesía es nuestra. Ese paisaje, aunque cada vez más “jodido”, es nuestro también. Que “tu foto” es mi mejor amigo y que no importa si podemos explicar ¡¿QUÉ??!!

Y saber también que un día tendremos nuestra tumba en la barranca y a lo lejos el más dulce recuerdo de esta vida; una ofrenda a la vida misma…

Los Retratos

Para qué dije todo esto. Bueno, siempre es mejor empezar a hablar como si todo el mundo ya supiese de qué se trata. Primero porque no podemos menospreciar la

dsc06433intuición de nadie. Pero fundamentalmente porque ya todos lo sabemos; los Retratos.

Los retratos no son solamente pinturas que buscan reproducir a alguien, o fotografías que tomamos una mañana. Los retratos son maneras de conocernos a nosotros mismos. De “recordarnos”, y notar nuestra propia presencia.

Políticamente muchas veces vivimos en la postergación y el olvido. Humanamente a veces también. Culturalmente ni hablemos. Resulta natural, aparentemente, porque al menos en esta época la humanidad ha tendido hacia el egoísmo. Y no es que dsc06427podamos solo juzgar. Existen grandes asesinos, grandes déspotas, poderosos países imperialistas, policías, maestros y pescadores cuatreros; tendencias históricas y culturales. Lo único que han desarrollado en común es la voluntad de sacar cuantiosas ventajas de su prójimo. De algún modo, comparándose uno con otro, sintiéndose eternamente insatisfechos con su realidad. Carentes, en concreto. Insaciables.

Todo arraigo es amoroso y expansivo. Porque un hombre con los pies bien puestos en la tierra abre su corazón. Toma lo que necesita y comprende que su realidad es moverse en libertad.

Por eso cuando decimos “Los Retratos”, decimos también que un retrato puede ser cualquier cosa que ayude a reconocernos, a profundizar nuestra relación con la tierra, a abrir el corazón. A levantar la vista hacia los otros.

La poesía de Julio Migno es un retrato maravilloso. Lleno de fraternidad con el espíritu de la costa. De una Magia mayúscula, de conjuros verdaderos.

Pero hay también retratos oscuros y oportunistas, que sacan a la luz lo que más tememos de nosotros. Lo que más odiamos que nos digan. Nuestros puntos débiles. También de esos retratos hay que sacar provecho. Hay que saber mirarse en la oscuridad para aprender a crecer.

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Como cuando los medios nacionales se acuerdan de nosotros. Y nos tachan con su mirada soberbia. Incluso ahí.

Reconocerse es una tarea dura. No todo lo que vamos a ver es maravilloso y digno de “publicarse”. Reconocerse es también reconocer. Reconocer que metimos la pata muchas veces, y que no por eso estamos menos íntegros. Porque todo viaje a las entrañas de una comunidad trae recompensas de salud. De Armonía.

Soy de tus islas un timbó cualquiera,
y en tus zanjones, curupí a los vientos;
sauce embrujado de cualquier barranca,
y un llanto colorado entre tus ceibos,
y soy, por una herencia de la suerte,
con mi lanza en la voz, sanjavielero.
..
¡Muchas gracias, patrona doña vida,
que me has hecho zorzal. Estoy contento!
..
Julio Migno

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Fotografías

En este caso los retratos son fotografías. Fotografías que fueron saliendo por allí. Acompañándome en mis tardes de mates dulces. Mañanas desveladas por el verano. Fotografías que anduve cargando por el continente, para que finalmente encuentren su lugar. Fotografías que, una a una, me hicieron emprender viajes a San Javier. Me hicieron escuchar las voces de Golondrina.

Mi matecito se hizo amargo en la lejanía, exiliado de el exilio con solo verlas.

Son  suaves algunas, y todas tienen historia. Historias que prefiero ilustrar con poesía. Porque las historias y los retratos tienen más perfumes en el anónimo de un sueño.

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Son agresivas o emotivas otras. Como aquella de un niño que vino a venderme su revolver una tarde. O la borrachera de don Corrientes que se retrató con los ojos más tristes que recuerde.

Si; poesías, fragmentos, prosas han de servir para ilustrar esta serie.

Y esta vez espero tener comentarios, nos vemos pronto.

A la noche la hizo dios
para que el hombre la gane
transitando por un sueño
como si fuera una calle.

Platicar con un amigo
oír un canto en el aire
ver el amor enredado
en la niebla de los parques

O adivinar un poema
que nunca lo escribió nadie
a la noche la hizo dios
para que el hombre la gane

La noche tiene un secreto
y mi corazón lo sabe
por mas que quiera ocultarlo
con terciopelos del aire

Me lo contó una guitarra,
hondo jahuel de saudades
lo aprendí en esas historias
que cuentan los trashumantes

Lo leí en el rojo vino
que en las madrugadas arde
lo vi brillar pecho adentro
destilando soledades

La noche tiene un secreto
y mi corazón lo sabe
a la noche la hizo dios
para que el hombre la gane

(A la Noche la Hizo Dios – A. Yupanqui)

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¡Qué tendrás pago, que te quiero tanto
con tus chajás, tus brujas y tus esteros,
con los vellones de tus garzas blancas,
con el pico plateao de tus boyeros,
con tus garcitas moras que se visten
en tus jacarandases y tus cielos,
con tus torcazas llenas de ceniza,
con Juan Soldao, el de la brasa al pecho;
¡qué tendrán tus calandrias que me llaman,
tus chororoses y tu tordo islero,
y tus viuditas tristes y esa chispa
que dió el fogón pa’ la brasita ‘e fuego,
y qué tendrás, que entre mis noches pasa
siempre un arisco cardenal ardiendo!
¡Esos son tus gualichos en mi amargo,
ésa es la brujería que me has hecho,
ése es el espinel que le has tendido
pa’ prender en sus ganchos al Mielero!

Julio Migno (fragmento), “¡Qué tendrás pago!”

La laguna

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