Distopía de un desengaño

La ciencia ficción desde el litoral santafesino

La ciencia ficción es un género que ha acompañado la historia del hombre desde que la utopía positivista le arrancó a nuestro planeta el último suspiro de fanatismo y fe ciega. Era la certificación de una poderosa confianza en la tecnología, como señal de que el hombre dominaría la naturaleza e incluso a la muerte. Sin embargo el siglo XX se encargaría de desmentir la esperanzas desmesuradas de los visionarios, y también de corroborar que la imaginación del hombre pre-figura la realidad, donde muchos de aquellos inventos descritos en novelas y cuentos acabarían haciéndose realidad: las aeronaves, los submarinos, los viajes al espacio, y muchísimo más.

Hacia nuestros días los géneros que proyectan un futuro imaginario han sido muy prolíficos. Especialmente durante la segunda mitad del siglo pasado se han escrito, dibujado y filmado una gran cantidad de historias. Esta experiencia ha transformado la visión de este género que nacía en el anhelo de la capacidad humana por evolucionar, y lo ha convertido en un espacio libre y metafórico, de reflexión sobre la condición y la calidad humana.

Este es el punto de partida de este corto cuento que presentamos hoy y que agrega una nueva dimensión: ¿Es posible pensar la ciencia ficción desde el litoral Santafesino?

Distopía de un desengaño

*Agradecemos la ilustración original de Enzo Rodriguez Suarez

Screen Shot 2016-08-11 at 10.52.35 PM¿En qué momento empezamos a perder contacto? Hubo muchos signos que aliaron a nuestros dos pequeños planetas cercanos, muchos colores que se compartieron, transbordadores que llegaban y se iban. Los recuerdos de mi abuela que aparecían con unas palabras simples:

-Cuando llegue tía Doriana le preguntaré cómo es la receta de croquetas de Quasimore.

Y si no, eran los torneos. Las tardes que pasábamos al sol jugando a la vascongada.

Recuerdos fragmentados de una vida juntos. Yo apenas era un gürí, un muchachito de la siesta. Me gustaba ver las turbinas de las naves al atardecer, creando esas aureolas magentas en el cielo.

A veces Quasimore estaba más cerca, ¿Sería por la impresión y los anhelos de vivir juntos? El planeta era una estrella que brillaba con colores que parecían latir hacia nosotros; tengo esa impresión bien grabada de mi abuelo enseñándome la constelación y el punto brillante de Quasimore.

Pero el nono, y sus largas tardes de música venustiana, se fueron apagando con nuestro crecer. Él había conocido a unos venustianos en persona, y recordaba el “dos hileras” con que se presentó aquella vez el conjunto Laralero, allá lejos en sus años mozos. Adoraba la música y todo lo que le pareciese distinto, nunca visto.

Una mañana en el campus de la cosmoversidad se me acercó un joven y me dijo:

-Hay noticias para usted, parece que su abuelo está embarcando en una nube fría, tiene permiso para retirarse.

Entré en un estado alterado de realidad que se mantendría durante todo el mes, aunque a decir verdad siento que se ha mantenido incluso hasta hoy.

Yo podía intuir que el viaje de mi abuelo se llevaría también aquellos atardeceres morados y la brecha infinita que se crea en la asociación de un paisaje con su música.

Corrí, corrí, todo el tiempo, no dormí hasta llegar. Mi abuelo estaba allí, desnudo, con su piel más pálida pero sonriendo. Me abrazó con muchísimo cariño y me dijo:

-Ahora serás vos el que deba recordar estas melodías y mantener unida a nuestra familia ¡No te olvides de tus primos y tíos de Quasimore!

Me lo dijo aún a sabiendas de los nuevos estilos de vida, de las angustias de la nona Romana que llevaba meses sin recibir noticias de nuestros parientes.

Los rumores eran cada día más comunes; Quasimore resultaba una amenaza terrible, pretendían apropiarse de nuestra laguna Totora, estaban comenzando a robarnos el nitrógeno y, lo peor de lo peor, habían firmado un acuerdo con el imperialismo juglar de Coliflornia.

¡Ay abuelo! Pensé. Hacía mucho tiempo que le había tocado participar en la guerra de la Triple Poronga, allá por la época del Añá Memby; y en aquellos días él apenas era un niño. ¿Sería por eso que toda su vida se había dedicado a reunir amigos, a organizar juegos, como si todavía no quisiese abandonar la infancia?

La tarde se puso oscura y el obituante nos dijo que ya era hora de subir, mi abuelo frunció el seño, primero, y luego dibujó una sonrisa enorme y crepuscular. Empezó a elevarse rodeado de rotondas de almidón de óxido de litio, y cuando llegó a cierta altura la última luz de la tarde hizo brillar su cabellera, y la nube se fue aclarando. Luego el sol se ocultó y todos nos abrazamos con mi abuela.Screen Shot 2016-08-11 at 11.01.34 PM

Al día siguiente Quasimore anunció la invasión. Estaba yo mandando las notificaciones de la partida de mi abuelo a mis primos, aún cuando mi abuela ya les había enviado un holograto, personalmente, días atrás.

El cielo, después de casi cien añadas volvió a teñirse de magenta y morado, sólo que ahora las samphonias venustianas y el aroma de las croquetas de Quasimore se hallaban únicamente en mis recuerdos.

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El día en que el Qarashe Félix Díaz visitó San Javier

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¿Qué está pasando en Argentina con los Pueblos Originarios? Tras largos siglos de persecución y menosprecio cultural los Pueblos Originarios de nuestro país han encontrado los vehículos comunitarios y resurgieron de la “invisibilidad” a la que los había destinado la estrategia política de la cultura dominante.

Esta larga y aceptada negación de nuestras raíces ha llevado a construir una idea ajena de nuestra identidad. Sin embargo ahora, en un punto de la historia en el que es “de vida o muerte” defender nuestro medio natural, y la solidaridad como modelo de existencia, frente a la “competencia despiadada” y destructora del mundo capitalizado y centrado en el “culto a la personalidad”; surge vibrante la hermandad originaria de estas tierras para reclamar sus derechos sobre todas ellas.

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En San Javier se realizó el histórico 7º Encuentro de Naciones y Pueblos Originarios, que resultó ser uno de los más numerosos y más entusiastas realizados nunca. Esto indica cómo ha crecido la adhesión al reclamo originario, a su modo de ver la realidad, y a esta identidad viva y vigente. Una identidad que nos pertenece a todos.

1005988_311185905683726_2073479964_nFelix Díaz, líder de la comunidad Qom Potae Napocna Navogoh (la Primavera), principal referente nacional de la lucha de los Pueblos Originarios por su territorio y sus derechos, víctima de constantes atentados físicos y mediáticos realizados contra su persona, su familia y su comunidad, y embajador de las luchas originarias junto al premio nobel Pérez Esquivel; visitó hoy 23 de julio de 2013, nuestra localidad.

1001908_311185939017056_478163856_nFélix Díaz trajo el calor de su corazón como regalo principal para nuestra comunidad, para los esfuerzos que realizaron los hermanos Mocovíes en la organización de este emocionante 7º Encuentro, y para todos aquellos esfuerzos que hayamos de realizar, juntos, desde hoy en adelante.

La llegada del Qarashe Félix Díaz es el signo rotundo del comienzo de una nueva etapa en nuestras realidades, ya no estaremos aislados, ya no habrá tema ni motivo que pueda destacar sobre los sueños de nuestros Pueblos Originarios. La Tierra, la Naturaleza y el Espíritu de nuestros ancestros han regresado.

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– Fotografías: Javier Lanche –

Llamamiento al 7º Encuentro de Naciones y Pueblos Originarios

ESTE 13 y 14  DE JULIO DE 2013 EN SAN JAVIER, SANTA FE

Nosotros, integrantes del pueblo Mocoví de San Javier que fuimos considerados desde su fundación en 1743 por decreto del Teniente de Gobernador español Don Francisco Javier de Echagüe y Andía como “Pueblo de Indios”, “Reducción” , “Misión” , éramos una nación numerosa, fuerte y dueña de la naturaleza que nos rodeaba. Hoy estamos totalmente olvidados, dispersos, sumidos en la resignación, sometidos, invadidos, avergonzados, empobrecidos, enterrados en el polvo de la Historia, pero no vencidos.
.Nosotros los Mocovíes que recorríamos nuestros bosques, nuestro ríos, nuestras tierras, nuestra islas libremente hasta la profundidad del Chaco, disponiendo de vacas y caballos que criábamos, hoy no tenemos ni un trozo de tierra donde cavar nuestras tumbas, ni un pájaro para disfrutar su canto, ni un lugar para cazar, ni pesca, ni ríos, todo está alambrado, todo está “privado”.
El extranjero tiene “permiso”, el tiene lo que quiere, cabaña, cacería, pesca, buena atención, comidas y bebidas, guías nuestros, presas codiciadas, especies en extinción, y hasta las mujeres de nuestro pueblo.
Y nosotros Mocovíes somos extraños en nuestras tierras, somos parias condenados a desaparecer  poco a poco como cultura, como raza, como seres humanos… si no hacemos algo. Nuestros “derechos” no pasan de hacer cola en una repartición oficial o privada para pedir una migaja de pan o para que no se nos muera un hijo, un familiar por falta de atención médica.
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Hermanos:
Pasaron ciento nueve años del llamado “ULTIMO MALÓN” Mocoví, una de las ultimas rebeliones de nuestro hermanos  en nuestras tierras. Ha pasado mucho tiempo desde aquel 21 de abril de 1904, en que más de 5000 lanzas trataron de recuperar nuestro territorio, nuestra lengua , nuestras costumbres , nuestra identidad ante el avance imparable de los terratenientes, con el apoyo y sostén del Estado oligárquico proseguidor del camino de los genocidas Roca, Victorica y Obligado.
.Nuestros ancestros llegaron desde lo más selvático e intenso del Chaco, luchando por más de tres siglos contra el Conquistador español, en las misiones jesuíticas y fuera de ellas. Como “indios reducidos” o como “montaraces”
Participamos de la gloriosa guerra de la Independencia con el General Manuel Belgrano camino al Paraguay, con aquellos legendarios soldados originarios, los 500  “Lanceros Mocovíes”, tropa de caballería de Línea, destacados en el combate y en la disciplina.
.Años después, con las guerras civiles y el advenimiento de la oligarquía entreguista al poder,  fuimos tropa de maniobras de los caudillos políticos de turno , y hasta la actualidad tratan de que sigamos siendo  la clientela electoral de los continuadores de aquellos.
.Lograron derrotarnos militarmente, doblegarnos, dividirnos, entre nosotros y con los criollos y gringos inmigrantes recién llegados, nos dispersaron en lugar y en el tiempo, esclavizaron a nuestras mujeres y niños, mataron a nuestros hermanos, pero a pesar de todo, de la destrucción y el genocidio a través de este último siglo, seguimos luchando y no nos han vencido.
.Desde las éstas tierras irredentas,  por las que dieron su vida nuestros ancestros, desde este San Javier rebelde y en nombre de quien fuera su último cacique y jefe de la Insurrección JUAN LOPEZ, y en él a todos los jefes y guerreros que a través de estos más de quinientos años no dejaron de combatir contra la injusticia , la discriminación, la dominación, el hambre…CONVOCAMOS a todos , a las Naciones y pueblos Originarios de nuestra América a que estemos juntos, por primera vez en nuestro suelo Mocoví, para poder demostrar al mundo de que somos capaces de compartir unidos y luchar juntos a todos los trabajadores , campesinos pobres, y demás sectores populares, que sufren la opresión y explotación al igual que nosotros, ya que tenemos a los mismos enemigos ancestrales: Los terratenientes, los imperialistas y el Estado a su servicio.
.Hoy nos embarga la alegría y la emoción de poder convocar desde nuestro humilde y orgulloso pueblo Mocoví, de estas comunidades hermanas que nos hemos puesto de acuerdo para trabajar juntos , en bien del 7º Encuentro, poniendo lo mejor de de nosotros para que el mismo sea un logro y poder avanzar en nuestras reivindicaciones, y la principal  junto a Nuestra Cultura es la TIERRA: Tierra para vivir , tierra para trabajar , tal como nos había otorgado el Gobernador de Santa Fé Dr. Nicasio Oroño en 1866 y que tiempo después nos fueran arrebatadas.
.Para recuperar eso y mucho más, para todos los habitantes milenarios de nuestro suelo, esperamos Hermanos vuestra presencia masiva a lo que fuera el último bastión de la resistencia originaria en nuestra Patria. Honremos a nuestros antepasados.
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COMISIÓN PRO 7º ENCUENTRO NACIONAL DE NACIONES Y PUEBLOS ORIGINARIOS SAN JAVIER .SANTA FE. ARGENTINA
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Comunidad Mocoví

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Homenaje al Pueblo Sanjavierino

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San Javier punta de lanza del Norte Santafesino

Estación Terminal del Mundo

Fin del camino,

Fin de las vías

Isla en lo firme

Rodeada de ríos,

Cercada de incomprensión

Sitiada de atraso y de latifundio…

tu Pueblo no se rinde

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Tu Pueblo no permite

ser olvidados y vencidos,

pues crece tu coraje en la lucha

A través de tu gente

De este Pueblo vivo,

En tu juventud valiente

Que desea transformar cada día,

Esta realidad que abruma

Pero que no los vence

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Adelante compañeros, adelante paisanos

Adelante trabajadores, campesinos, hermanos

Que si es difícil el camino,

Si es tortuoso el futuro que nos han dejado,

Es más difícil aún, derrotar a este Pueblo  invencible

Al que no pudieron parar

Gigantescas Represas , los Molinos quebrados,

la desocupación y el hambre, ni las “balas de barro” …

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Comunidad Mocoví de San Javier en Colonia Francesa

Entrevista a Santa Teodora Lanche, lider en aquel momento (2011), de la comunidad Mocoví de Colonia Francesa en San Javier.

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Ángeles y Demonios

La cultura es energía en movimiento, poder de transformación de comunidades vivas. En San Javier tenemos al menos 40 años de historia del rock, y seguramente más. Alguno de nuestros padres recordará agrupaciones autóctonas que datan de mucho antes de nuestro nacimiento. El rock se impuso como patrimonio cultural global en los años 60, cuando la rebeldía juvenil se hizo camino a la esperanza. Hubo que cambiar el mundo, hubo que “pintarlo de negro”.

Es curioso que nuestro país haya sido tan receptivo al rock, quizá mucho más que otros países latinoamericanos: hoy en día Argentina marca una tendencia y renueva siempre influencias en la escena latinoamericana del rock. Quizá estas relaciones tan contradictorias y sin embargo íntimas con la cultura inglesa hayan influído, como en el caso del fútbol. De algún modo a los argentinos nos tocó padecer escenarios parecidos, y relaciones opresivas similares a la de la cuna británica del rock. Industrias que exprimían salvajemente las libertades de la creciente clase trabajadora crearon atmósferas que solo podían liberarse en un grito áspero. Así como habían gritado los esclavos confinados al algodón del sur norteamericano, y que ya llevaban años de blues y rithm&blues.

Quizá por estas realidades es que no podemos juzgar a la ligera la cultura “nacional” y reducir nuestras expresiones a aquello que arbitrariamente se dice “folklore”, que de hecho es una palabra inglesa, y que incluso puede ser una forma de definir peyorativamente a la cultura. No tenemos que olvidar que los antropólogos y sociólogos del período colonial estaban muy preocupados en crear definiciones (términos) que separen la cultura del imperio colonial de aquellos pueblos colonizados. Como tampoco tenemos que dejar que las expresiones tradicionales queden limitadas a un gremio de conservadores, ahí tenemos buenos ejemplos de libertad en artistas como el Chango Spasiuk hoy en día, y si uno viaja al pasado todos los hoy clásicos han sido innovadores: Ernesto Montiel mezcló el schottis alemán, los ritmos africanos brasileños y el chamamé; y Ariel Ramírez compiló todos los tipos musicales de cada provincia en una celebración religiosa. Solo para nombrar un par.

Instantáneas de la historia de un rock Sanjavierino

Eran inviernos largos y helados los de los 15 años, y haciendo honor a algunas críticas, quién suscribe no podía permanecer quieto en un San Javier todavía demasiado afectado por la parálisis emocional de la guerra-dictadura, escondida en el inconsciente de cada abuela: cortate el pelo mirá que te van a lleeevar ¿ehh??  La nuestra era una rebeldía tímida y bastante oscura, todo el mundo esperaba que pase algo pero las siestas, las tardes y las noches transcurrían en cámara lenta. Me acuerdo de los primeros cigarrillos, y de jugar competencias de escupitajos, mientras caía la helada. En la radio aparecía como un mantra “Solo los chicos” de Mr. Paez, y la vibración que transmitía era como… que en alguna parte del país estaban pasando cosas alucinantes, pero que acá, atrapados en el remolón atardecer interminable, nos perdíamos todo. Era la época de “Kao’s disco”, y de unos tremendos bailes en la pista del “gallego” dónde siempre pasaba algo, ahí sí.  Íbamos de un lado a otro, cada quien con su mundo interior a punto de explotar, una cosa muy adolescente, creo. Y todo era repetitivo y plácido al mismo tiempo, siempre difícil acercarse a la chica que te gusta mientras alguno, que se las daba de “langa”, no paraba de peinarse la típica “coleta ochentera”.

Pero un buen día, o mejor dicho una buena noche, con un alto nivel de insensatez alcohólica, pudimos entrever una banda de rock cuya existencia yo todavía desconocía en aquel paisaje: un par de pelilargos, otro que se lo estaba dejando crecer y un guitarrista que era una eminencia y cargaba un look de administrativo bancario: ¡Era increíble! Era Némesis. No casualmente invocaban a la diosa de la venganza. La venganza de toda una generación gris y sumisa. La venganza apareciendo sobre una comunidad de autómatas, con  unas canciones que escarbaban en la poesía tremendamente romántica de la época, para castigar la vulgaridad que iban tomando los tiempos.

Y todos saben que la historia no termina ahí y, como dije antes, no empieza tampoco aquí. Esto es apenas una “instantánea” con la que quiero provocarlos a que escribamos la historia del rock en San Javier. No estamos demasiado viejos todavía, ¿No? ¿Quién tiene algo más que contar? Acá siguen estos pioneros dando vueltas como si nada hubiera pasado ¿Quién es capáz de recordar?

Una fábula de Ángeles y Demonios

Corría el año 2008 cuando Caio (Claudio Gervasoni) pudo comprar, finalmente, su equipo de guitarra. Había que ponerlo a funcionar, quizá por eso, buscando cosas en el depósito, reencontró una vieja batería que le había estado guardando durante mucho tiempo a un olvidadizo amigo. Desde aquel día los vecinos no pudieron recuperar la paz, ya que Marcos (Baucero) estaba dispuesto a aguantar prolongados ensayos dándole al parche. Esta pasión por el ensayo acabaría por refinar las bases calcadas a aquellas bandas que tempranamente influyeron sobre el naciente grupo: Kiss, Gun’s, y Rata Blanca. Entonces se produjo el advenimiento de la estrella fugaz del grupo; Mike (Miguel Ríos) el vocalista. La empatía fue inmediata, y la presencia de Mike le sumó personalidad al entonces ya trío. Lo que hacía falta para completar era un bajo. Mike hizo conexión con Pino (Alejandro Zafaroni) que se incorporó inmediatamente con su equipo propio y el grupo quedó, entonces, constituído. Los ensayos se intensificaron, la onda era juntarse siempre que se podía. Nacía así “Ángeles y Demonios”, aunque hay anécdotas que mencionan que otro posible nombre para el grupo fue tentativamente “Cascote”.

Playa Rock

San Javier da a luz, entonces, a un encuentro fuera de serie para este género que ha venido creciendo generación a generación: el Playa Rock, y allí en la primera edición debuta Ángeles y Demonios. Es también la primera experiencia escénica del grupo que, aunque Caio describe como desastrosa, dejó al público encantado.

Y entre ese público se encontraba Javi (Javier Gonzáles) un ya brillante guitarrista que se entusiasmó con el proyecto y aceptó sumarse, de allí en adelante, como primera guitarra. Javi trajo consigo al tecladista Julián Gervasoni y así acabó de completarse la formación oficial de la ahora consolidada agrupación:

voz: Miguel Ríos

teclados: Julián Gervasoni

bajo: Alejandro Zafaroni

segunda guitarra: Claudio Gervasoni

primera guitarra: Javier Gonzáles

batería: Marcos Baucero

Vas a poder

Transcurría la primavera de 2011 cuando tras algunas reuniones amenas de Ángeles y Demonios y Golondrina, más las charlas en la siesta con Mike, decidimos intentar filmar un videoclip del tema insignia de la agrupación: Vas a poder.

El problema principal es que no disponíamos de una grabación de estudio del tema, y esperar a que la grabación del demo se realize era postergar indefinidamente el video. Así que optamos por el camino “rústico” y grabamos el tema en vivo. En un ensayo en la casa de Marcos, directamente, sin aislar la batería, y sin tomas selectivas, en una grabadora Zoom, hicimos la grabación. El resultado fue natural y crudo, así se escucha en esta primera versión del video.

Hoy, a más de medio año de aquél encuentro, Ángeles y Demonios graba y masteriza su demo. Esperamos, en el futuro, poder realizar nuevos videos y versiones.

El videoclip

Las primeras tomas del clip las hicimos en la casa de campo que Lucas Bielsa amablemente nos facilitó. El escenario era tan rústico como necesitábamos, en medio de la vegetación prodigiosa. El gato de Lucas participó sin fines de lucro en la puesta en escena.

En el primer ensayo en la casa de Marcos grabamos la segunda serie de tomas. Las condiciones de luz eran realmente las peores, en un punto la lente de la cámara se empañó ya que éramos más de diez personas en la habitación. Esta fue la única ocasión en  que la agrupación estuvo reunida en su totalidad, aunque nunca hubo un “tiro de cámara” suficiente como para retratarlos a todos juntos.

El último grupo de tomas se realizó otra vez en la casa de Lucas, pero en esa ocasión estuvieron ausentes Javi y Mike.

La estética original del clip estaba planeada en primeros planos y detalles de los instrumentos, con atmósfera melancólica. El escenario nos llevó a buscar más tomas generales, e incluir un poquito el paisaje. Finalmente durante la edición el problema consistió en resolver la longitud de la canción, ya que teníamos realmente poco material filmado. Además al tratarse  de un tema con mucha riqueza y variedad de atmósferas nos obligaba a encontrar un equivalente visual a cada momento. Por esto último se decidió incorporar algunos efectos visuales y fundidos en los momentos de climax sonoro.

Esta es una canción que invoca la esperanza que se necesita para existir y superar todos los obstáculos que nos trae la experiencia de vivir, por eso la naturaleza viva se va instalando también en la imagen.

Rock de estas costas

Este es nuestro homenaje a los grupos de rock que han persistido durante tantos años haciendo cultura en estos parajes y a las vidas abiertas a la esperanza y al grito áspero de la rebeldía, a iniciativas como es Playa Rock, y a los circuitos de festivales que incluyen al rock como expresión legítima y autóctona. Golondrina enciende los amplificadores para todas las bandas de rock que quieran publicar aquí sus trabajos, así como tender lazos de colaboración para repetir experiencias como la de Ángeles y Demonios.

La mirada y el trabajo cinéfilo sobre “El último malón”

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Sinopsis: Reconstrucción de la última rebelión indígena de los Mocovíes en San Javier, al norte de la provincia de Santa Fe, en 1904. Al principio se expone la situación a la que el avance de la civilización ha reducido a los indios, despojados de tierras. Luego se cuenta el ataque del malón y su derrota.

Uno de los personajes a través de los cuales seguimos la historia es Salvador Jesús, líder indígena que reclama la devolución de las tierras a su pueblo. Ahí están también los comerciantes que han introducido el alcohol entre los indios, que lo desconocían, para explotarlos; los estancieros que se han quedado con las tierras expropiadas; la policía y el Ejército que sólo parecen estar ahí para reprimir.

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Pero acaso lo más notable del film sea la manera en que se anticipó al cine documental apenas posterior y también a algunas tendencias que se consolidarían ocho décadas después: el cruce entre el registro documental (cuando se muestra la vida en las tolderías) y la ficción.

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“El hecho histórico está, y es, que a los indios los hicieron mierda”, dice Fernando Martín Peña, acerca de una situación sobre la que la película no deja lugar a dudas. “Y el punto de vista desde el cual se presenta al indio es coherente: la derrota del malón tiene que ver con las divisiones internas de los indios. Mientras que la ciudad está toda junta esperándolos, y hasta se muestra el falseo de la información que el hombre blanco recibe sobre el indio: a Rosario llega la noticia de que se acercan en hordas tremendas. El hombre blanco es visto de manera negativa, en tanto se lo acusa de introducir el alcohol en la vida del indio, así como se habla de cómo se le sacó la tierra y se lo dejó sin nada. Pero cuando se pone al espectador del lado del indio se lo hace de una forma no compasiva; no se lo exculpa por lo que hizo mal o por no saber organizarse mejor para encontrar una estrategia, no se lo idealiza, ni perpetúa el mito del buen salvaje, sino que se le reconocen los derechos que le corresponden, que es algo que no se hacía es esa época”

Jurista, periodista y escritor, Alcides Greca filmó esta película en la región de la que era oriundo, San Javier, provincia de Santa Fe, en una época en que casi toda la producción Cinematográfica se concentraba en Buenos Aires.

Cine Mudo Argentino en "El Amante Cine"

Sinopsis del Malba (Ciclo de Cine Mudo Argentino en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires): Cuatro años antes de que Robert Flaherty estrenara Nanook el esquimal el escritor Alcides Greca realizó en Santa Fe esta experiencia que no sólo anticipa el cine antropológico sino que borra tempranamente las fronteras entre documental y ficción. Una primera parte describe la situación de miseria a la que han sido reducidos los mocovíes en el norte santafesino. La segunda parte reconstruye, en parte con sus protagonistas, el ataque al pueblo de San Javier que los mocovíes lanzaron en 1904.
El último malón fue rescatado del olvido en 1956 por Fernando Birri y la Escuela Documental de Santa Fe, con la exhibición de una copia original de 35mm., proporcionada por la familia de Alcides Greca. En 1968 elCineclub Rosario gestionó una reducción a 16mm. que fue realizada por el técnico Fernando Vigévano. Dado que la copia en 35mm. hoy se considera perdida, la versión que se exhibe se realizó a partir de la reducción a 16mm., conservada por el Museo del Cine.

Por referencias del cineclubista Alfredo Scaglia y del historiador Jorge Miguel Couselo, se sabe que la versión original tenía virados a distintos colores, como era usual en el cine de la época. Dichos virados se habían perdido en la reducción (realizada en película blanco y negro) y para reconstruirlos se utilizaron apuntes de Couselo y testimonios del cineclubista Octavio Fabiano, que llegó a examinar la copia original del film. Además se corrigió la extensión de los intertítulos, alterada por la reducción porque Vigévano se vio obligado a copiar casi todos ellos a partir de fotogramas fijos, para eligir los menos deteriorados. También se rescataron algunos textos ilegibles por defectos de contraste, se originó un nuevo título a partir del diseño original y se estimó una velocidad presumiblemente correcta para su proyección. La música original fue compuesta e interpretada por Fernando Kabusacki y Matías Mango.

Fuente: Cine-Clásico (http://www.cine-clasico.com/)

Así en la pampa como en el río

por Juan Manuel Santamaría*

Yo escribiría la historia de una ciudad. No de un país, ni de una provincia:
de una región a lo sumo.

J.J. Saer. “Algo se aproxima”.


A Julio Migno no le gustaba que lo llamaran “El Poeta de la Costa”, quizás porque sentía a esta definición como una categorización reduccionista, que dejaba a su poesía circunscripta sólo a quienes podían sentirse representados por ella en ese contexto geográfico. “Con ese criterio tendríamos que llamar a Hernández “el escritor de la pampa”, o a Cervantes “el escritor de la Mancha”, solía decir. El prefería que solamente se lo nombrara como poeta o como escritor, sin nada que vulnerara el sentido trascendente que él sabía que latía en el fondo en su obra.

Pero si entendemos que quién le canta a una región determinada de un país, y de un continente como el nuestro, suma su voz a la gran polifonía, necesaria para nombrar la tremenda diversidad que es ésta América, y donde al decir de García Márquez, “los artistas han tenido que inventar muy poco, y tal vez su problema ha sido el contrario: hacer creíble su realidad”  al referirse a la desmesura que encierra, entonces sí, podemos decir, que ésta definición de “Poeta de la Costa”, puesta en el gran contexto de la literatura americana, adquiere un sentido relevante, como pieza importante de un gran rompecabezas.

Porque América es eso, el continente del encuentro, del mestizaje, del crisol de razas, de la multiplicidad de cosmogonías, y cada parte de ella contiene a ese todo maravilloso, que en nuestro albardón costero, a cada paso se torna más y más evidente, a medida que recorremos sus rincones. Allí están los restos fundacionales de la conquista, las huellas del indio y de la evangelización, en reducciones que dieron origen al nacimiento de pueblos y ciudades, las de los primeros criollos y su posterior alumbramiento “el gaucho”, como así también las del aluvión inmigratorio.

Esa fue la encarnadura particular, el sedimento basal, desde donde Julio Migno iba a expresar su universalidad poética; San Javier su pueblo, heredero y parte de toda esa historia, enclavado en medio de esa inmensidad de pampa y río, que como él solía señalar, “paisaje que siempre está en movimiento”, habría de conformarse en una obra poética que representaría una expresión existencial, a la vez que un alegato social por los padecimientos del indio, de la lucha del criollo por la justicia y la libertad, y un canto a la paciente laboriosidad del “gringo” por sumarse a esa historia. Si alguna vez expresó, ante los 500 años del descubrimiento, que en esta Argentina “debíamos darnos el abrazo definitivo entre el indio, el criollo y el “gringo”, como expresión de unidad social de cara al futuro, en su obra hacía tiempo que esto se había dado.

Paul Valéry decía que toda literatura es colectiva, y esto creo que no solo es en el plano de lo social, sino también de lo literario, ya que nadie crea nada de la nada. Por eso me atrevo a decir que en estos autores se da una confluencia con sus pares antecesores, y que en el estilo de Migno está sumamente clara, digerida y mezclada con su propia arcilla, con su propia energía creativa, brindando una obra totalmente original.

La Argentina que Hernández contraponía al modelo europeizante, y de la cual Martín Fierro se torna expresión y defensa en términos épicos, y la que más tarde va a retomar Lugones en “El Payador”, está en lo más hondo de su inspiración, sin dudas. En sus cuatro libros, que forman lo medular de su producción literaria, “Amargas” (1943), “Chira Molina” (1952), “Yerbagüena, el mielero” (1947) y “Miquichises” (1972), Migno, como sucede con Hernández transmutándose en Fierro, hace hablar al personaje, le cede la palabra al costero, no es el propio autor el que habla; condición que sólo se puede lograr con total autenticidad a partir de un gran conocimiento y una plena identificación con quién se trate de hacer expresar.

En este sentido, para entender más su importancia dentro de este mosaico americano del que hablamos al principio, cabe señalar, que esto mismo podemos encontrar en tantísimos escritores de Latinoamérica, a quienes esa capacidad de consustanciación les ha permitido ahondar en lo más profundo de su pueblo; tomemos por caso, el de Juan Rulfo a la hora de escribir su Pedro Páramo, cuyos personajes son absolutamente provincianos; o el de Ricardo Güiraldes, aquí en nuestra tierra, con su Don Segundo Sombra.

Pero a su vez, en el caso de Migno, el lenguaje que él usa, es el lenguaje materno, el que escuchó en su “pequeña madre patria”, su aldea, el que hablaba la gente de a pie, y el que fundamentalmente, “su propia madre podía entender”, a la manera de Frédèric Mistral, como a él le gustaba parafrasear.

Sus poemas están construidos con una trama que exhibe una compleja sencillez, accesible al gran público, resultado de un batallar incesante por lograr la mayor síntesis, y la mayor riqueza expresiva. Una sucesión de “imágenes” permanente, como muchas veces me señalara. Buscando siempre el “nivel medio”, sin bastardear la hondura y el vuelo de su pensamiento, “para que lo entiendan todos”, el de abajo y el de arriba”, como él decía, lo cual plasmaba su plena conciencia de estar sumando su pluma al acervo popular, que es donde quedan depositados los versos de los grandes poetas, a veces con la suerte de hasta llegar a creérselos anónimos.

Este estilo, muchas veces lo llevó a sentirse identificado con innumerables vates admirados por él, pero en especial con su amado José Martí, con quién siempre se sintió hermanado, y a quién destacaba por la “simpleza” de su lenguaje, como “un poeta puro”. Querido por él, como lo fue también Rubén Darío, a quién, en medio de charlas informales, lo llamaba “Rubén”, a secas, lo cual siempre llamó mi atención, dando cuenta de la profunda compenetración con la obra y la persona del Nicaragüense; tea siempre encendida para Migno, y referente ineludible a la hora de pensar nuestra América.

Pero por sobre todas las cosas, su espíritu, fraguado en el Colegio de los Jesuitas de Santa Fe, exudaba una tremenda riqueza literaria; desde Hesíodo a Sócrates y Platón, desde Erasmo de Rotterdam a Ortega y Gasset, desde Omar Khayyam a Rabindranath Tagore o Federico García Lorca, pudiendo seguirse en una lista interminable de autores, de los cuales Migno hacía sus compañeros permanentes de viaje. Y como consecuencia, quienes estábamos a su alrededor solíamos beber el zumo de esa íntima y familiar relación, porque cabe decirlo, y porque no, en el plano de lo personal, todo junto a “Don Julio” era riqueza, a veces en la mayor austeridad de medios.

Esa riqueza, sin dudas, está en el origen de la alquimia que dio como resultado su último libro, “en castellano” como el decía, “Summa Poética” (1987), en cuyos versos, ahora sí, es el propio autor quien nos deja plasmada toda la lírica de su pensamiento.

“Todo poeta es músico”, solía decir, y su poesía daba cuenta de ello. Esa musicalidad fue recogida y acrecentada al ser musicalizada su obra por diferentes artistas. El caso de Rubén del Solar; de Orlando Vera Cruz, en este caso quién más ha trabajado sobre su poesía; de Iván Faisal, y el mío propio, ponen a los versos de Migno en otro escenario, en otro lugar que el de la biblioteca, dándole un vehículo más fluido para el público masivo, como ha pasado con muchos otros grandes poetas.

El lugar que uno elige para vivir es significativo en la vida de cualquier persona, y lo fue para Julio Migno cuando eligió hacerlo en Cayastá, lugar donde se dieron por primera vez cosas muy caras a nuestra argentinidad, fundamentalmente para la región del Río de la Plata, y donde el paisaje y la gente expresan en suma, una profunda síntesis del espíritu costero. Por eso, más que por ser un lugar equidistante entre su San Javier natal y la ciudad de Santa Fe donde desarrollaba sus actividades, lo fue seguramente porque en esas tierras hay también un sabor pleno de origen, savia de la que Migno se nutría para sustanciar su obra. Hoy sus hijas desde aquella casa, sede de la Fundación Julio Migno, junto al antiguamente llamado “Río de los Quiloazas”, hoy Río San Javier, promueven eventos culturales y tratan de difundir la obra de su padre.

Con su muerte, el 5 de diciembre de 1993, quedaron truncas las “Memorias de Chiflidito”, recuerdos de su infancia allá en su pueblo, y mucho material por recopilar de sus columnas radiales; pero nos quedan “sus hijos”, como solía decir Don Julio a la hora de referirse a sus libros, y agregaba – “ellos están vivos, yo no tengo que salir a defenderlos, se defienden solos”-. Realidad que con el paso del tiempo se confirma, porque anidan en el corazón de la gente, a la que él le cantó e hizo expresarse, y en el de los que día a día desde cualquier latitud, se van sumando a medida que van descubriéndolos e identificándose con su universo poético. La lágrima emocionada, el gesto de aprobación ante el acierto luminoso de una realidad hondamente plasmada en cualquiera de sus versos, son signos con que suelen expresarlo cuando nos toca decir alguno de ellos; evidencia clara que la pluma de Julio Migno era una vena abierta de donde fluía una poesía universal y enteramente americana, como la pampa y el río que la contienen.-

Chacra en verano

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*El autor, es compositor e intérprete de música popular. Ha trabajado junto a Julio Migno en programas radiales, actuaciones, y comparte la autoría de algunos temas. El más conocido de ellos “Santa Rosa de mis recuerdos”, fue grabado por Orlando Vera Cruz en 1997, en su CD Paraná Entero”.